Adán Meza
San Ignacio, Sinaloa.- En este municipio serrano, la alimentación trasciende el acto de servir un platillo: es una acción comunitaria que transforma vidas. A través de los Espacios de Alimentación, Encuentro y Desarrollo, niñas, niños, personas adultas mayores y familias en situación de vulnerabilidad acceden diariamente a alimentos balanceados que fortalecen su salud física, emocional y social.
Más allá del valor nutricional, estos espacios fomentan la convivencia, la solidaridad y los valores comunitarios, convirtiéndose en centros de desarrollo humano y apoyo mutuo. Uno de los pilares esenciales de este programa es la orientación alimentaria, que educa a las familias sobre hábitos saludables, el uso responsable de los recursos locales y la prevención de enfermedades a través de una dieta equilibrada.
Al frente de esta estrategia está la nutrióloga Teresita Zúñiga, pieza clave en el diseño, evaluación y seguimiento de los menús que se ofrecen. Su labor garantiza que cada alimento servido cumpla con los requerimientos nutricionales y se adapte a las costumbres y posibilidades de cada comunidad. Desde la selección de ingredientes hasta la supervisión del proceso de preparación, su compromiso asegura que los alimentos lleguen con calidad, calidez y conciencia social.





